¿Qué tienen que ver los huevos, el chocolate y un conejo con la Pascua? Este sería el origen de la festividad

Su origen se remontaría a la Europa de la Edad Media.

Pascua / INTERNET

Cada Domingo de Resurrección de Semana Santa, los huevos y chocolates aparecen en los hogares de distintas partes del mundo. ¿El responsable? Un conejo. Pero, ¿por qué? La respuesta a esta incógnita se encuentra siglos atrás, en la mezcla del mundo pagano con su posterior adaptación al cristianismo.

Aunque el origen de la figura del llamado Conejo de Pascua no está completamente claro, las investigaciones coinciden en que la leyenda nació en Europa, específicamente en festividades anglosajonas precristianas donde el animal era el símbolo de fertilidad de la diosa Ostara.

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El Domingo de Pascua no está calificado como feriado irrenunciable, por lo que la mayoría del comercio mantendrá sus horarios habituales de fin de semana.

El origen

Dentro de las diversas explicaciones, destaca especialmente la influencia de la cultura germánica. Investigaciones publicadas por medios como The Local señalan que la figura que conocemos hoy proviene del Osterhase o liebre de Pascua. Este animal se vinculó históricamente con la resurrección y la inmortalidad debido a la antigua creencia de que las liebres nacían y dormían con los ojos abiertos, simbolizando una vigilancia eterna similar a la que representa el huevo.

Asimismo, existe un debate sobre el vínculo entre este animal y Ostara, deidad de la mitología germánica que habría dado nombre a la festividad en alemán, Ostern. No obstante, historiadores proponen una visión más ligada a la realidad económica de la Edad Media. En aquel periodo, el Jueves Santo funcionaba como el cierre del año comercial, fecha en la que los campesinos debían saldar sus tributos con los terratenientes. Dado que el ayuno de la Cuaresma generaba un excedente de huevos, estos terminaban utilizándose como medio de pago.

La acumulación de huevos en los hogares era inexplicable para los más pequeños, por lo que los padres atribuyeron su entrega a un conejo. Si bien en distintas regiones europeas se mencionaron otros animales, la figura del conejo terminó por popularizarse de manera definitiva a nivel mundial tras finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Finalmente, la costumbre de ornamentar estos huevos también parece tener su origen en Alemania. La evidencia arqueológica más antigua de un huevo decorado fue descubierta en un sarcófago romano-germánico en la ciudad de Worms, datado en el siglo IV.